
Durante toda mi infancia, hasta los comienzos de la adolescencia, veníamos a pasar las fiestas de fin de año a Santa Fe, a la casa de mis abuelos.
Salíamos de San Nicolás muy temprano, de madrugada, para que no nos agarre el calor del verano santafesino en la ruta, que era (y sigue siendo) terrible, y los autos que los Quiroga teníamos en esos años, no tenían aire acondicionado. Primero fueron dos “4L”, uno blanco...